Viajes de Cusco a Machu Picchu

Viajes de Cusco a Machu Picchu: Recuerdo que al regresar de la ciudad del Cusco la primera vez que lo visité, prometí volver lo antes posible. Sólo pude hacerlo en noviembre de 2004. Entre tanto, pasaron diecinueve años. Y cómo me arrepiento de haberlos dejado pasar.

Un sábado emprendimos viaje con destino al “Ombligo del Mundo”, significado de Cusco en quechua. Al llegar, después de la típica taza de mate de coca para la aclimatación, caminamos hasta la Playa Mayor. En el camino ya pudimos apreciar las blancas construcciones españolas de adobe, con techo de tejas, levantadas sobre los muros incas de piedra. Nos hallamos en medio del ajetreo, el ruido y los olores de una ciudad de 380.000 habitantes, limpia y bien cuidada. La plaza es inolvidable: sus portentosas dimensiones, la catedral de piedra, la iglesia de la Compañía de Jesús, las arcadas con sus balcones. Para quedarse con la boca abierta. Autos, buses, taxis y mucha gente caminando en todas las direcciones. Es común ver a las “mamitas”, como llaman a las mujeres indígenas, vestidas con sus trajes coloridos, sus sombreros y un manto a la espalda cargando a una guagua, acompañadas de sus hijos también vestidos con trajes típicos y un par de alpacas. Su oficio es ofrecer a los turistas , posar para una foto a cambio de algunas monedas:”money my friend”. No deja de llamar la atención que la mayoría de los visitantes también viste su traje típico: tenida “outdoor” en tonos verdes y beige, cámara fotográfica, mochila, South American Handbook y la infaltable botella de agua mineral. Todos contemplan impresionados el espectacular entorno. Hay escolares jugueteando y haciendo sus conquistas en los bancos de la plaza, junto a orientales, gringos y europeos con sus mochilas, leyendo concentrados sus guías como si quisieran constatar exactamente cada cosa que ven. Es notable que, a pesar de la mezcla cultural y racial, la convivencia sea cercana a la perfección. Un verdadero Ombligo del Mundo en los viajes de cusco a machu picchu.

Surgen instintivamente las ganas de caminar para descubrir el lugar. Es una ciudad segura. Entre las callejuelas surgen más plazas, iglesias, pasajes con patios interiores, museos, etc. Los cusqueños son cordiales y tratan a sus visitantes con especial respeto y cortesía. Muchos de ellos hablan inglés. Al caer la noche, se presenta otra clase de espectáculo: la ciudad iluminada. El contraluz destaca los rasgos particulares de las fachadas, alcanzando una belleza nueva, diferente y grandiosa en su sencillez. A esta hora también se despiertan las ganas de tomar un pisco sour y de sentarse a comer en un buen restaurante. Recomiendo hacer el primer “salud” en el patio recoleto del Hotel Monasterio, el más lujoso de la ciudad. Elegir el lugar donde comer no es fácil, hay muchos y muy buenos sitios para hacerlo. Un conocedor nos recomendó La Cicciolina, lugar muy bien ambientado, con buena música e iluminación, una carta variada y con platos característicos de la cocina novoandina.

A la mañana siguiente salimos en tour a Pisac, ubicado a 32 Kms. de Cusco, en el Valle Sagrado de los Incas. Lo característico de este lugar es el mercado de los domingos. Aparte de los cientos de puestos de artesanía típica, me llamó la atención el sector donde se ubican las “mamitas” para hacer trueque. Es curioso como manejan perfectamente el valor, el peso y las unidades de sus productos. Luego de una rápida negociación, en quechua por supuesto, intercambian sus productos, se agradecen regalándose una yapa y continúan su recorrido con una actitud –guardando las distancias- similar a la dueña de casa que transita con su carro por el hipermercado. Es entretenido descubrir la variedad de papas, camotes, choclos, cereales, frutas y especias que se tranzan. Da una idea de la amplia base que sustenta la rica cocina peruana. Las horas se pasan rápido mientras uno mira, saca fotos, compra alguna cosa, y para matar el hambre, les recomiendo comerse un delicioso choclo cocido, de granos blancos y grandes con mantequilla y sal.

Ya de vuelta en el bus, con música ambiental andina, muchos de los pasajeros no resisten la tentación de exhibir sus compras. Gorros multicolores, mantas, muñecas, joyas de plata, alpacas en miniatura, muestrarios de semillas, etc. Todos muy contentos y convencidos que lograron negociar el precio mas bajo del mercado. No falta la señora – generalmente argentina – que se jacta de haber comprado todo a la mitad de lo que pagaron sus vecinos de asiento. El paseo continúa siguiendo el curso del río Urubamba, por un buen camino asfaltado En el recorrido se ven plantaciones de maíz, alfalfa y hortalizas tanto en el plano como en terrazas construidas en tiempos del Inca. Me llamó la atención la buena calidad de las casas de los campesinos. No se ve extrema pobreza sino que por el contrario, construcciones al estilo del lugar, bonitas y dignas. Luego de visitar el impresionante centro arqueológico de Ollantaytambo, antes citadela militar, religiosa y agrícola, el bus nos deja en el hotel donde alojaremos, cerca del pueblo de Urubamba. Nos despedimos de los demás pasajeros que regresan a Cusco bastante agotados, llenos de paquetes y oyendo El Cóndor Pasa en nuestro viaje de cusco a machu picchu.

Para ir a Aguas Calientes, pequeño pueblo desde donde se accede a Machu Picchu, viajamos en el tren VistaDome, pensado para pasajeros que ya abandonaron la mochila. Azafata y Azafato, vestidos en azul y blanco, nos dan la bienvenida y nos llevan a nuestros asientos en uno de los cinco carros repletos de turistas que vienen desde Cusco a visitar las ruinas por el día. La mayoría está por arriba de los cincuenta años. A mis oídos llegan por lo menos seis idiomas distintos. Se ven llenos de energía, vestidos cien por ciento ad-hoc para la aventura, con equipos fotográficos y de filmación y actitud atenta a cada detalle del paisaje.

A la entrada del parque arqueológico, una veintena de guías comienzan a levantar banderillas, a soplar silbatos o a aplaudir con objeto de reunir a los integrantes de sus respectivos grupos. Ahora sí que experimento la sensación de ser parte de un piño de ovejas. Comenzamos a subir escaleras de piedra hasta llegar al sector de las terrazas de cultivo, desde donde se aprecia por primera vez la ciudadela. No hay posibilidad de quedar impávido ante el paisaje que se abre ante la vista. Entre cerros que se levantan verticales desde el río se despliegan las ruinas, construidas quizá en el lugar de mayor belleza topográfica que haya visto nunca. Los cómo, cuando, y porqué dan base al discurso del guía. La verdad es que andar en grupo – a menos que sea pequeño y que todos se conozcan, es agotador, lento y hasta desagradable.

El chistoso, la quejumbrosa, la que aprovecha para aburrirnos con sus concepciones cosmológicas, son más de lo que un alma compasiva puede soportar. Lo mejor comienza después de las dos de la tarde cuando las masas de turistas comienzan a bajar a Aguas Calientes para tomar el tren de regreso a Cusco. Han entrado 1.200 personas ese día y en cosa de una hora quedamos no más de cien privilegiados que podemos gozar y contemplar el lugar a nuestro antojo. Aprovechamos de hacer una caminata a la Puerta del Sol, entrada principal del Camino del Inca. Silencio, contemplación y paz. Nos damos suficiente tiempo para sentamos a descansar en las terrazas con pasto, sacar fotos, leer nuestra propia guía, comentar nuestras emociones, hacernos preguntas y reflexionar. Las imágenes de Neruda y Los Jaivas se hacen presentes.

Logramos un estado del alma que uno quisiera conservar en su vida ordinaria y que justamente es lo que queríamos encontrar en Machu Picchu. Bajamos tarde a nuestro hotel en Aguas Calientes. Me sigue llamando la atención la diversidad y cantidad de gente de todas partes del mundo concentradas en este lugar que no es mas que un andén y unas pocas construcciones, donde aparte del español y el quechua, se hablan inglés, francés, alemán, portugués, italiano, japonés, etc. A la mañana siguiente escalamos el Huayna Picchu, cerro adyacente a la ciudadela, que se lleva parte del crédito en las tradicionales fotografías del lugar. Costó subir. La falta de oxígeno y la exigencia del sendero escalonado se hicieron notar. Llegamos a la cumbre donde nos encontramos con unas 20 personas. No volaba una mosca. De vez en cuando el disparo de una maquina fotográfica se sumaba al sonido del viento. Volvimos a experimentar la sensación de la tarde anterior, esta vez reforzada por la vista de toda la ciudadela desde la altura en los viajes de cusco a machu picchu.

Regresamos por la tarde a Cusco en el mismo tren, cansados, felices y cabeceando de sueño, En un momento dado, nuestra somnolencia fue violentamente interrumpida por la canción VOGUE de Madonna a todo volumen. Acto seguido, azafato y azafata se lanzaron al pasillo transformados en modelos, luciendo tenidas de alpaca. No voy a comentar la colección presentada, pero sí diré que el desfile es a la vez violento y cómico, especialmente por la “attitude” de los modelos y la dificultad para conservar la compostura mientras el carro se zarandea.

De vuelta en Cusco, visitamos, aparte de muchos lugares interesantes, la Catedral, de dimensiones formidables, rebosante de altares barrocos de oro y plata, ataviada de hermosos cuadros de la escuela cusqueña. Es un hecho que a este lugar hay que volver varias veces y con tiempo para admirar cada uno de sus tesoros. A pasos de la Catedral, en la Plaza las Nazarenas, está el Museo de Arte Precolombino, bien montado que cuenta con piezas de las culturas Mochica, Chimú, Inca, Virú, Huari. En el claustro del patio principal se halla el restaurante del Museo, buena opción para almorzar. En todo caso, el Inka Grill ubicado en la Plaza Mayor, es otra excelente posibilidad. El día se pasa rápido en Cusco.

Hay tanto para ver. Por ejemplo, el barrio San Blas que acoge la bohemia cusqueña. Es mejor recorrerlo a pie. Está lleno de restaurantes, pubs, bares y rincones con vistas a la ciudad. Les sugiero el Macondo o el Green´s. Los precios son más bajos que en el centro. Me ha quedado medio viaje en el tintero, pero tendría que escribir otro artículo. Esta vez sí prometo volver pronto. No dejaré pasar otros diecinueve años de volver a visitar la ciudad inca de Machu picchu y la ciudad magica del Cusco dentro del Peru.